Huyendo de los nitritos

Un día me preguntó una compañera farmacéutica por los embutidos sin nitritos, quería saber cuáles eran los más sanos para darle a su hija en el sandwich del desayuno o la cena. Vamos a analizar la pregunta con dos criterios de respuesta, en primer lugar en referencia al embutido en sí y luego considerando nuestra responsabilidad en la alimentación que nos mantiene vivos.

Por un lado veamos qué son los nitritos. Si le echas un vistazo a las etiquetas de los productos procesados que compras (sana costumbre la de leer), encontrarás nitritos sódicos (E250 y E251) y nitritos potásicos (E249 y E252). Tal vez no tengas el gusto de conocerlos; incluso el procesador de textos donde estoy escribiendo este artículo los marca como una falta de ortografía. Pero los nitritos son aditivos alimentarios usados para la conservación de las conservas cárnicas y también para darles ese sabroso color encarnado tan homogéneo. 

Se trata de aditivos químicos que nos estamos comiendo, pero estos por si solos no son malos; no nos producirán diarrea ni alopecia a largo plazo. El problema se encuentra en que al calentarlos y al digerirlos dan lugar a la formación de nitrosaminas, que esas sí que son potencialmente cancerígenas. Por ejemplo, pululan en humo del tabaco. De ahí que en 2015 la Organización Mundial de la Salud (OMS) divulgara la posible relación entre cáncer colorrectal, de páncreas y de próstata y el abuso de carnes rojas y, especialmente, procesadas. Una cuestión que se sabía de antiguo pero de la que sólo quedó la protesta de los productores de carne y la confusión, alimentada por la prensa, sobre qué era carne roja y qué no. 

Entonces, ¿qué conserva cárnica es mejor para darle a mi niña en el sandwich del desayuno? ¿Pavo, serrano, jamón cocido super extra…? Mi opinión es ninguna, y no es sólo por los nitritos. 

Si no perteneces a ninguno de los matices del espectro vegetariano-vegano, y te gusta la carne, pues come carne de calidad. Ve a una carnicería de confianza y compra una pieza de la que puedas disfrutar de su textura y sabor. Si eres responsable de tu alimentación, los ultraprocesados no son para ti.

Además estamos obsesionados con darle a los niños una ingente cantidad de proteína, como si no existieran más nutrientes. Tenemos una paraonia colectiva (no sé si mamada de la generación de la postguerra, si nuestras abuelas nos la inyectaron o nos hemos ido contagiando unos a otros). Ciertamente, la proteína (de calidad) es fundamental en las distintas etapas de la vida, pero si un niño desayuna un sandwich de jamón, come macarrones boloñesa y cena salchichas con tomate, lo que está comiendo es ultraprocesado, es decir: azúcar, almidón, celulosa, fécula, aditivos, conservantes… Sí, puede tener algo de proteína y casi cero de otros nutrientes como vitaminas y minerales, cuya importancia se nos olvida. Luego la fruta y la verdura, la comida cruda y fresca, las hemos relegado al olvido, a los ratos de castigo o de mal entendida “dieta”. Y creyendo que alimentamos bien a nuestros pequeños por comprar el jamón más caro, les estamos haciendo un flaco favor. 

Vivimos a tal velocidad que no hay tiempo para ir a comprar ni para cocinar; así llenamos la despensa y la nevera de alimentos lo menos perecederos posibles, hasta arriba de conservantes. Ahí está el pan de molde en lugar del pan de toda la vida, y la ingesta de azúcar escondido, y las grasas saturadas de forma gratuita. Sobran tiempo y dinero para comprar el móvil último modelo y no para comer bien. ¿Los niños no pueden desayunar fruta, un bocadillo de queso fresco o de tortilla francesa o copos de avena o cereales sin azúcar en la leche o yogur, o pan con aguacate?

Opciones al sandwich de jamón hay miles de comida real. ¿Saben cómo se dice jamón en portugués? Presunto. Pues, por favor, menos de presunta comida, menos pan de molde, menos embutidos, menos procesados, y más alimentos de verdad que no solo sacien el hambre sino que también nutran. 

Recuerda: invertir en salud es invertir en calidad de vida. 

#AsesoríaNutricional #Nitritos

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