Yo no como azúcar (si puedo evitarlo)

Imagen cortesía de Suat Eman en FreeDigitalPhotos.net

Como dietista, en determinadas circunstancias, no me gusta prohibir alimentos que dan alegría al cuerpo porque bien gestionados nos pueden ayudar a realizar eficazmente un plan de nutrición saludable. “Bien gestionados” significa que su consumo sea muy vigilado y pautado, que seamos nosotros los que tengamos el control sobre ellos y no al revés. Por ejemplo, una cervecita muy puntualmente, una onza de chocolate negro o la cena de Nochebuena. Si cuidamos el resto de la alimentación, estos cataclismos nutricionales no deberían suponernos ningún problema.

Pero hay un… ¿alimento?, con el que sí que no puedo, y ese sí que intento acotarlo o incluso eliminarlo con todas mis fuerzas. Tarea hercúlea porque está en todas partes, hasta donde no debería estar. Me ha pasado infinidad de veces recomendar disminuir la ingesta de azúcar y recibir la respuesta de que sólo le echan al café una cucharadita de azúcar moreno… Y entonces yo pregunto: ¿comes galletas o usas el tomate frito o te gusta el kechup o preparas  sopa de sobre o aliñas con salsa de soja o mahonesa o comes embutidos o pan de molde o yogures o bebes refrescos o zumos…? Casi todos los alimentos procesados tienen azúcar, como conservante y potenciador del sabor. Así que a la cucharadita que le echas al café o infusión súmale la cantidad de azúcar que ingieres sin darte cuenta a lo largo del día.

El azúcar tiene una facilidad tremenda para convertirse en adictivo (obtenemos un aditivo adictivo, juajuajua), y esta es una propiedad terrible para nosotros, pobres consumidores que intentamos responsabilizarnos de nuestra alimentación y de nuestra salud. ¿Podemos llegar a estar enganchados al azúcar cual vil polvo blanco? Sí. El uso y el abuso del azúcar no es nada inofensivo. Ni casual. Te lo explico.

El azúcar refinado es uno de esos ¿alimentos? inútiles que nos regala la industriosa inventiva humana. Se obtiene de diversas plantas como la caña o la remolacha mediante un proceso de molturación y cristalización que lleva a esos granitos de azúcar que todos conocemos. Por medio, especialmente para obtener el azúcar blanco, se realiza un proceso de refinado con sustancias químicas como el dióxido de azufre. Azufre. Como los infiernos. Y el resultado es una sustancia que contiene el 99,5% de carbohidratos, sin apenas más nada.

Los carbohidratos sí que hacen falta. Yo diría que son imprescindibles. Del metabolismo de los carbohidratos se obtiene la glucosa, la gasolina de nuestro cuerpo necesaria para que este funcione. El problema de los carbohidratos tan limpios del azúcar es que se trata de carbohidratos simples, los cuales funcionan como los fuegos artificiales, como el flash de una cámara fotográfica, como… ¿Han probado a comerse una cucharadita de azúcar glas? Se disuelve rápidamente en la boca y en un instante no queda nada. Pues así trabajan los carbohidratos simples, como un fogonazo. Mucho ruido y pocas nueces.

Como necesitamos la energía, es normal que nos guste el sabor dulce porque lo asociamos a la producción de energía. La energía del azúcar va directa a la sangre sin casi necesitar metabolismo. Cuando estamos estresados, nerviosos, ansiosos, generalmente el cuerpo nos pide azúcar, ese chute rápido para que la mente siga a ritmo desenfrenado. ¿Qué pasa cuando le damos azúcar refinado? Pues un pico. Un pico glucémico. En un momento estamos a tope, pero al momento siguiente se acabó la magia. La energía del azúcar refinado dura menos que un polvo mal echado. ¿Y qué hacemos para remediarlo? Tomar más azúcar, con lo que hemos creado un maravilloso círculo vicioso del que o salimos o nos pasaremos la vida consumiendo cantidades ingentes de un ¿alimento? que no nos aportará nada más.

La industria alimentaria, que no es idiota, lo sabe y le mete azúcar a todo en cantidades brutales, hasta un 80%. Ayer me entretuve leyendo la etiqueta de una botella de Coca Cola, que tengo donde guardo la lejía y los limpiadores diversos. El ingrediente principal era el agua (si no, no podría beberse como líquido), y el segundo el azúcar. Beber refrescos carbonatados significa beber agua con azúcar, básicamente. Por eso la Coca Cola despierta, da energía, y engancha. Los alimentos procesados, como dijimos al principio, tendrán el azúcar en los primeros puestos de sus etiquetas de ingredientes. Y ello es así porque con el azúcar se controla que el sabor y la palatabilidad sean siempre los mismos. Los productos artificiales tienen siempre el mismo color, sabor y olor; no pueden sufrir la más mínima variación porque lo importante es la marca, identificar unas sensaciones a una marca concreta a la que seamos fieles. La consecuencia no es que gastemos nuestro dinero, sino que acabamos con el paladar atrofiado para que nos guste lo artificial más que lo natural.

Te reto a que pases seis meses sin probar nada de eso. Es verdad que los retos de ahora no son más de veintiún días, pero lo bueno cuesta más conseguirlo. En seis meses verás cómo descubres un mundo nuevo de sabores y aprenderás a elegir los alimentos más adecuados para tu salud y bienestar. Cuando tu cuerpo te pida energía, dale pasas o mandarinas o plátanos o dátiles antes que una sola gominola (tampoco uses los zumos envasados aunque recen sin azúcares añadidos, se hacen con concentrado e igualmente supera la dosis recomendada sin el aporte ni de fibra ni de nutrientes de un vaso recién exprimido o de la fruta entera), es otra forma de educarnos en hábitos saludables, y mejor aún si lo acompañas de nueces o almendras. Busca siempre los carbohidratos complejos, que se liberan de manera más lenta y continuada. No tendrás que estar todo el día comiendo para mantener la actividad.

Y si haces deporte por salud, no lo estropees terminando la jornada con una chocolatina o galletas (por muy digestivas que sean) alegando que lo has “quemado”.Lo conseguido por una lado lo echamos al traste por el otro. Ten en cuenta que la OMS fija el 20gr el máximo de azúcar que debemos ingerir en un día. Prueba a contar cuánto consumes tú (incluyendo los alimentos que nombramos al principio). A partir de ahora mira los ingredientes de las cosas que consumes. Responsabilizarnos de nuestra alimentación como parte de nuestra salud es un gran paso hacia el futuro.

Si necesitas ayuda, aquí estamos. 🙂

Invertir en salud es invertir en calidad de vida. #AsesoriaNutricional

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