Cómo mantenerse y no morir en el intento

Marieta se puso a dieta para bajar de peso. Como no quiso hacer barbaridades, se puso en manos de un dietista que diseñó para ella un plan de alimentación específico, adaptado a sus necesidades. Lo que da toda la vida llaman “dieta de adelgazamiento”. Este plan conllevó la adopción de pautas extraordinarias para eliminar los kilos de más. Marieta tuvo fuerza de voluntad, realizó la dieta a rajatabla y en diez meses bajó ocho kilos. Pero una vez lograda esta meta, Marieta decidió cambiar la dieta por una alimentación más habitual y, ¡sorpresa!, en cinco meses recuperó de nuevo los ocho kilos y uno más que pasaba por allí. ¿Qué le pasó a Marieta? ¿Acaso su dieta estuvo mal planteada? ¿Tal vez sea que la meta no debía ser adelgazar sino mantenerse delgada? Vamos a hablar del Santo Grial de la dietética: el mantenimiento.

Cuando nos planteamos una dieta de adelgazamiento para perder el exceso de peso, debemos tener en cuenta que el período de “transición” entre esa forma de alimentarnos y la vuelta a nuestros antiguos hábitos es fundamental para mantener el peso conseguido. Y realmente, mantenerse no es tan difícil cómo puede parecernos (siempre hablando en personas sanas, ya si tenemos alguna patología que nos pueda afectar habría que tratar esos casos particularmente). 

El mantenimiento de unas condiciones sanas se realiza siguiendo un proceso de reeducación alimentaria que nos llevará a renunciar a costumbres nocivas para nuestra salud y bienestar. Y es que bajar de peso puede ser fácil si hacemos brutidades como alimentarnos sólo de plátanos o cosernos la boca. O puede no ser tan fácil, pero más sano, supervisado por un profesional que elabore una dieta específica para nuestras características. Bajaremos más lento pero más seguro. Pero la vida sigue y no podemos estar toda la vida a dieta. Lo que tenemos que hacer es aprender a alimentarnos mejor, a elegir los alimentos que nos sientan bien, a ser responsables de nuestra nutrición.

Esto es muy gordo (y nunca mejor dicho). Significa que a partir de ahora hay que luchar para no caer en tentaciones: dulces, grasas, alcohol, sedentarismo… Significa que tienes que asumir que ya tienes unos años, que ya no puedes zampar como cuando tenías quince años. En cada etapa de nuestra vida tenemos unas necesidades calóricas distintas, no sólo por la edad sino también por la actividad física que desarrollemos. Por eso, si eres de las/los que han hecho dieta de adelgazamiento a distintas edades habrás notado resultados distintos. Sí, es un fastidio no bajar igual de rápido con 40 que con 25. Y si toda tu vida has comido igual y a partir de una edad estás subiendo de peso, es que tienes que empezar a reducir cantidades y/o subir las horas de ejercicio porque estás consumiendo más calorías de las que tu cuerpo ya necesita. Dijo Confucio: “Cuando dejamos de crecer para arriba empezamos a crecer para los lados”.

Aquí te doy algunos tips que pueden ayudarte: 

> El agua es fundamental para las funciones metabólicas, para los músculos, para los órganos internos… Si te obligas a beber agua durante la “dieta”, ¿por qué dejas de beberla después? Si no eres muy bebedor/a busca trucos que te ayuden como tener agua con limón o menta, o llevar una botella contigo.

> Elimina de tu vida los alimentos procesados (puede haber excepciones, pero eso, que sean excepciones). Me refiero a lasañas listas para calentar, sopas de sobre, embutidos, croquetas congeladas, bollerías, etc… 

> Si con la dieta no bebías nada azucarado, después tampoco. Son calorías vacías que no aportan nutrientes. El alcohol, si acaso, lo reservamos para las comidas sociales, que lo cotidiano sea comer con agua. ¡El agua es maravillosa!

> Traba amistad perpetua con los cereales integrales. Además de aportar nutrientes, tienen menor IG, y realmente son más sabrosos. Prueba nuevos cereales como la quinoa o el mijo, para alternar la pasta y el arroz. Así enriqueces tus platos y tu paladar.

> Restringe los alimentos más calóricos después de las 18 horas. Sobre todo si no tienes actividad física intensa. 

> Las dos pes que no son imprescindibles para la comida: el pan y el postre. No hace falta acompañar con pan todas las comidas. El postre sólo para acontecimientos especiales. 

> Todos, todos, todos los días debes comer como mínimo una ración de verdura cruda (ensalada), y a ser posible 4-5 raciones durante el día entre fruta y verduras. Nunca mezclando la fruta con las comidas.

> Cambia freír por hornear y sofritos por rehogar. Con pequeños trucos reducimos calorías a la hora de cocinar con resultados igual de sabrosos que nos ayudarán en nuestro propósito de no volver a subir los kilos perdidos. 

A Marieta le podríamos decir que la reeducación alimentaria es más importante que cumplir la dieta, puesta siempre por un profesional de la  nutrición y la dietética. Recuerda invertir en salud es invertir en calidad de vida.