Comer hasta reventar: la mesura en dietética

equilibrio-png

Nunca dejaremos de advertir que en dietética, como en todas las parcelas de la salud, debemos siempre ponernos en manos de profesionales. Una formación adecuada y una pericia obtenida de la experiencia serán factores determinantes para que el tratamiento llegue a mejor puerto. Pero no por ello dejaremos de atender a los consejos que nos puedan llegar de otras profesiones. Hoy les traigo una historia que nos llega desde la arqueología sobre la importancia de la mesura a la hora de alimentarnos.

Empiezo contextualizando un poco para que veas por qué me pareció importante este ejemplo. Partimos del principio de que nos alimentamos para vivir bien. Efectivamente, comer significa mucho para nuestra mera supervivencia, pero ya estamos en un estadio en el que sabemos qué alimentos nos ayudan a vivir mejor, qué alimentos influyen positivamente en nuestra salud. Es decir, podemos (y debemos) elegir lo que comemos para alimentarnos correctamente. Sin embargo, nada de esto serviría si no lo aplicásemos en las cantidades correctas. Entre una fruta y un bollo industrial elegiríamos la primera, por supuesto, si queremos cuidar nuestra salud. Pero incluso con lo bueno hay que saber controlarse, y aquí es donde entra en juego el consejo de hoy.

Nos lo traen Renfrew y Bahn en su libro Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica. En el capítulo dedicado a la paleodieta (la alimentación prehistórica, no la moda actual de comer como los primitivos), cuentan la historia de una mujer, la esposa del marqués de Dai, que vivió en China en el siglo II antes de Cristo. En su tumba, excepcionalmente conservada, se encontró todo un mostrador de alimentos, hierbas medicinales y platos preparados, con sus recetas incluso. Se ve que la alimentación era muy importante para la difunta, pero todavía hay más, y le dejo la palabra a los arqueólogos, que lo cuentan con bastante gracia y rigor:

“Algunas momias también proporcionan evidencias sobre la dieta: parece que la obesa esposa del Marqués de Dai, en la China del siglo II AC, ya mencionada, murió de un ataque al corazón causado por un agudo cólico biliar más o menos una hora después de comer con fruición una generosa ración de sandía (se encontraron 138 semillas en su estómago e intestinos)”¹.

Es decir, que la fallecida marquesa eligió una fruta maravillosa por sus propiedades refrescantes, hidratantes y su bajo nivel calórico, digna de estar en cualquier dieta sana. Pero la cantidad ingerida fue lo que convirtió la sandía, no ya en insana, sino incluso en letal, como disparador de un colapso incubado a lo largo de una vida de excesos y desórdenes alimentarios.

___________

¹ RENFREW, C. y BAHN, P. Arqueología. Teorías, Métodos y Práctica. Akal. Madrid, 2007, p. 276.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s